En Memoria

En 2006 al regreso de un viaje a la escuelita de El Paraisal, que Ecos apadrina desde 1994, el micro en el que viajaba la delegación de alumnos, ex alumnos, profesores y directivos de Ecos tuvo un brutal choque: fue embestido por un camión cuyo conductor estaba ebrio. El trágico saldo fue de nueve alumnos fallecidos: Benjamín, Delfina; Federico, Justine, Lucas, Julieta G, Daniela, Nicolás y Julieta P; y su profesora Mariana, además de una veintena de heridos, algunos de gravedad. En el siniestro también perdieron la vida el chofer del camión y su acompañante. Este hecho impactó en ambas comunidades y aún hoy sigue teniendo repercusiones en ambas poblaciones que están tratando de sobreponerse al dolor y a las pérdidas.

Sus historias, sus miradas, sus sonrisas, su poesía, su música, sus pasiones, sus abrazos, su amistad, su compromiso y su alegría, permanecerán en el recuerdo eterno de todos los que los amamos.

Discurso del Dir. Eduardo Guelerman, octubre 2011

Había un gran maestro al que le gustaba reunirse con aquellos que amaba, una vez al año, en medio del bosque donde encendía una fogata. Entonaba una oración y dicen que esas palabras emocionaban y fortalecían a todas las personas. Cuando él murió, la gente se dio cuenta de que nadie sabía las palabras que pronunciaba. Así que siguiendo la tradición, todos se reunieron en ese mismo lugar del bosque, prendieron el fuego y se acompañaron.

Después de 5 años, nosotros nos seguimos reuniendo para acompañarnos y para recordar. Hay familias y docentes que llegaron, entonces nosotros sentimos la necesidad de recordar algo que no necesariamente todos los que estamos acá vivimos juntos, pero que si compartimos porque ser parte de Ecos significa también compartir esta historia.

Volvíamos de una experiencia maravillosa porque esos viajes eran la posibilidad de trabajar en pos de un objetivo común, apoyándonos mutuamente, compartiendo momentos de alegría y desencantos, charlas, preguntas y reflexiones. Y para mí, el orgullo de ver a ese grupo de adolescentes desenvolviéndose de ese modo.

Nos costó encontrar el cómo seguir adelante y aunque el dolor nos paralizaba, de a poco nos volvimos a juntar para trabajar y retomamos los proyectos solidarios. Primero con envíos esporádicos, luego con cartas a los chicos del Paraisal, después participando en la organización del Seminario Internacional de Aprendizaje en Servicio. Luego recolectando material de reciclaje para la fundación del Hospital Garraham e incorporando el trabajo de la fundación Tzedaka con la distribución de medicamentos. Ahora estamos abocados a profundizar el sentido de los proyectos solidarios, transformándolos cada vez más en proyectos que conjugan aprendizaje y servicio solidario.

Si bien recordamos cotidianamente a los que ya no están con nosotros, una vez al año nos juntamos acá, bajo la sombra de nuestro Árbol de la Vida, cantamos, decimos algunas palabras y nos abrazamos para darnos fuerza y sabiduría; y especialmente, para recordar y recrear los hermosos momentos que pasamos juntos.

 

Fragmentos, tributo, memoria y reflexiones…

Quedaron en un camino
restos de mi,
la brisa fresca envuelve
las voces que te han de llegar.

El viento sigue trayendo
tu aliento azul,
caricia eterna
de un suave color infinito.

En un lugar del pasado
yo estoy ahí,
siento la brisa tenue
entre mis dedos de sal.

¿Dónde pondré tu costado?
¿Dónde tu voz y tu olor?
Huellas en el aire  vos y yo.

El viento te irá dejando
mi aliento azul.
Tus ojos me iluminan
desde un opaco cristal

El amor es transparente
aire de luz,
río invisible que lava
una herida que no sanará.

¿Dónde pondré tu costado?
¿Dónde tu voz y tu olor?
Huellas en el aire  vos y yo.

Rolando De Marco
Octubre/Noviembre de 2008

 

Canción 8 de octubre

Abrazo y corazón/mi grito es el de tu voz/viento y libertad/mi huella es la de tu andar/fuego y fragilidad/lágrimas de tu humedad/luna y bendición/mi brillo es el de tu sol

llevaré olor de vivir/toda sangre da siempre de sí

dos vidas salvaré/menos de lamentar/en andas te alzaré/verán los que no ven... Jamás

pueblito y soledad/pobreza que golpeó/de barro manos y pies/ descalzo angelito

yo te doy vos lo tomás/gracias doy por regalarme un día más

el mapa agrandaré/para todos entrar/revolución de amor/de paz y dignidad... Al fin

yo creo que sin querer/a Dios de la siesta saqué/y ahora mis sueños crearán/más vida, más felicidad

agua del cielo/mi fruto es el de tu flor/olas de inmensidad/mi sal es de tu mismo mar/heridas y curación/mensajero de tu cantar/destino de un lugar/mis fuerzas son tus caricias

una noche hará mil días/mi naturaleza es ser semilla

las puertas abriré/y la muerte escapará/porque para aprender/ hay tanto que saber... perder

yo creo que sin querer/a Dios de la siesta saqué/y ahora mis sueños crearán/más vida más felicidad

Letra: León Gieco Música: Luis A. Spinetta

 

 

“Era una mujer hermosa, valiente,  y  muy generosa.  Me siento honrada de haberla conocido y compartido cotidianamente sus abrazos, ocurrencias, sonrisas, sueños y proyectos. Por todo esto es importante que cada vez que la recordemos lo hagamos desde los que ella nos supo transmitir,  su apasionamiento por la vida y sus ganas de  intentar que las cosas cambien cuando creía que algo no estaba bien o le resultaba injusto. Sus gestos más habituales eran sus abrazos gigantes, su encantadora sonrisa, sus palabras de aliento, la dedicación tan particular  a sus  alumnos y a las familias de la escuela, sus pasos fuertes y precisos que como ecos eternos aún resuenan en nuestra memoria.

Jamás olvidaremos tu invalorable sapiencia, paciencia y  bondad en el arte  de vivir la vida como una luchadora que todo lo daba y que se contentaba con los sencillos y pequeños guiños de sus chicos y de sus colegas cuando podíamos sentir que lo que ella nos había enseñado nos servía para superar obstáculos y salir adelante.

Mari querida te extrañamos mucho,  pero tu fuerza, tu valentía y tu infinito amor nos sostiene y nos acompaña cada día. Cuando alguien dice: “ todo va a salir bien",  se escucha el latir de la  música de  flamenco, el sol se asoma, ahí estás presente una y otra vez, en nuestros corazones por siempre.

Colega, compañera, gracias por todo lo que nos diste y enseñaste. Prometemos  por siempre celebrar tu vida y honrar tu memoria

Gabriela Herrero, 2008

 

 

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"Cuando una madre muy querida por nosotros  (Marcela la madre de Julieta G) le regaló a Gabriela un árbol de la vida, nos habló de continuidad,  de comunión entre el que lo da y quien lo recibe, del amor a la vida….. y nos marcó un camino.

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El árbol de la vida representa un ciclo infinito del que todos somos parte. Por momentos se desarrolla, crece y florece. Por momentos se apaga y parece que todo se termina, y sin embargo… vuelve a renacer, y el ciclo se reinicia, y los frutos caídos cerca del árbol lo nutren, lo fortalecen y le dan vida. A los pocos meses de la tragedia, el Rabino Yaffe nos dijo que llegaría un día en el que íbamos a poder disfrutar el honor de haber compartido tan lindas cosas con las hermosas personas que ya no están, más que lamentar el ya no tenerlas y si bien ese día aún no ha llegado, podríamos decir que Daniela, Federico, Delfina, Julieta G, Justine, Nicolás, Benjamín, Lucas, Julieta P y Mariana, son como hojas que han caído cerca de nuestro árbol y permanentemente nos nutren, porque están con nosotros, porque tuvimos la dicha de compartir sus alegrías, sus sonrisas, su poesía, sus pasiones, su solidaridad, su amistad y su amor.

Taky en el Paraisal

Al poco tiempo de la tragedia Taky plantó en la escuelita del Paraisal 10 árboles. El año pasado inauguramos un mural entre las palmeras que simboliza la riqueza de sus vidas y hoy, designamos a este hermoso alcanforero tan representativo de nuestra escuela “árbol de la vida”.  Porque queremos homenajearlos, porque queremos tributar la riqueza de su existencia, porque queremos sentirlos cerca.

Este árbol es un poco cada uno de ellos ya que así como cuando las hojas caen y desaparecen, permanece el aroma del alcanfor, en nosotros perdurarán por siempre los momentos compartidos, su presencia y lo bellísimas personas que fueron."

Eduardo Guelerman, 7 de Octubre de 2008

 

 

"Cuando elegí ser profesora, lo hice con el convencimiento de que la educación sería un desafío que implicaría preparar, transitar y disfrutar innumerables horas de clase y, con ellas, múltiples conocimientos que compartiría con mis alumnos para intentar enseñarles, además de historia, a ser  personas solidarias, críticas y reflexivas. Los años de profesión me dieron también la posibilidad maravillosa de compartir la dirección de esta querida institución. Lo que no sabía y ahora lo descubrí de manera trágica es que iba a tener que enfrentar y aprender otra historia, una historia que dejó marcas muy dolorosas. Un fatal choque tiñó de dolor, el destino de nuestros jóvenes. Pero lo más desgarrador es que perdimos la maravillosa posibilidad de ver cómo Lucas, Nicolás, Julieta P, Benjamín, Justine, Federico, Daniela, Julieta G, Delfina y Mariana pudiesen  realizar sus  vidas y con ellas sus sueños. Por eso hoy nuestro mayor desafió es aprender a convivir con sus ausencias, recordarlos y mantenerlos presentes en nuestros corazones por siempre.

La memoria implica también, celebrar la vida y todos aquellos pequeños y grandes actos cargados de significación que nos ayudan en la construcción de identidades colectivas,  es por todo esto que elegimos  homenajear a nuestros chicos y a  Mariana, recordándolos  como personas de bien que nos acompañaron, alegraron y formaron  parte de nuestra querida comunidad, pero también, como quienes nos supieron transmitir que teníamos que seguir luchando en pos de un presente más digno, donde  la educación y, con ella la solidaridad, tengan un rol preponderante y enaltecedor.

Nuestros alumnos del Proyecto Chaco y Mariana,  creían que podían  hacer de esta sociedad un sitio mejor, dónde nos sintiéramos orgullosos de pertenecer."

Gabriela Herrero, 7 de Noviembre de 2006

 

 

“...sacando fuerzas de donde podemos para sobreponernos a tanto dolor, porque pensamos que todavía tenemos mucho para hacer y porque eso es lo que nos juntó a todos en Ecos. Todos los que formamos parte de esta comunidad lo hacemos porque compartimos la idea de generar un espacio de crecimiento para todos, de aprendizaje, de generación de proyectos y de solidaridad. Esa es la razón de ser de Ecos. Esa es nuestra tarea y los convoco a profundizarla.  Les mando todo mi cariño a los familiares de las víctimas y nos deseo mucha fuerza y entereza para poder seguir adelante en medio de tanto dolor. Los quiero mucho a todos y espero verlos pronto trabajando por nuestros proyectos.

Me despido con la frase que dejamos en Chaco y que hoy lucen los chicos en sus remeras de egresados que les mandamos a hacer con Rosa:

"SABERNOS JUNTOS NOS HACE FUERTES."

Eduardo Guelerman, 7 de Noviembre de 2006 (leído por Adriana Berio)

 

 

“Quisiera suspender por un momento el dolor, ese compañero fiel que atraviesa desde hace un tiempo nuestros días. Quería hablarles de El Paraisal, de los días que pasamos juntos, de lo que nos fue pasando en esos encuentros. Me gustaría que las palabras alcanzaran a describir sensaciones y sentimientos, vivencias que uno atesora de los días compartidos.

Un grupo grande de jóvenes llegó con entusiasmo, muchos repetían el viaje, como una forma de recontratar compromisos, otros inauguraban una manera de entender la solidaridad, de conocer al prójimo, al otro, al semejante.

A todos los vi con un entusiasmo incansable, confundidos entre los chaqueñitos, animando una ronda, contándoles un cuento, llevándolos a caballito,  o enseñándoles una canción. Llevábamos tareas planificadas, actividades, talleres, juegos. Llegábamos con las manos llenas de cajas, que toda una comunidad se encargó de llenar. Recuerdo el compromiso puesto en cada acción, la pasión con la que se entregaron, lo divertido de hacer lo que les gusta. Se llenó El Paraisal de colores, de bullicio, de días de fiesta y tuvimos meriendas y comidas al son de un concierto de cucharas. Hubo quienes llenaron el aire de música y en improvisados tambores bailaban una danza en ronda. También estuvieron los que se dedicaron a las letras y dibujaron en el aire alfabetos de poesía en talleres literarios. Otros, a fuerza de pala y zapa, fueron haciéndole senderos a la tierra, limpiaron el terreno y como una metáfora de sus convicciones, sembraron junto a los chicos la huerta. También estuvieron las modistas que enseñaron a coser y hacer la ropa, desfilando orgullosas sus vestidos frente a una platea tumultuosa. Otros se disfrazaron de arlequines, maquillaron sus caras e improvisaron un escenario y en la tarde de sol hicieron creernos un teatro. La mayoría de los varones transpiró la camiseta en la canchita de la escuela, se jugaba en toda la cancha y de arco a arco, corridas y voladas. Hicimos máscaras y pintamos caras, dibujamos hojas y escribimos cartas. Un grupo se encargó de los remedios y visitó la salita de primeros auxilios, otro se ocupó de los juguetes y los libros, todos nos ayudábamos y apoyábamos. Charlábamos de cómo mejorar lo que hacíamos, cómo tener mas influencia, cómo llegar más a nuestra gente. Las chicas por un lado y los varones por otro hablamos de sexualidad debajo de los árboles, le pusimos palabras a vivencias cotidianas, tratamos de decir algo ahí donde todos callan. Así fueron pasando nuestros días, con fogones, canciones y aulas que se transformaron en improvisados dormitorios. Pintamos una bandera: “sabernos juntos nos hace fuertes” y cada chico engrosó su biblioteca y tuvo un juguete para las tardes de siesta.

Y llegó la despedida, el momento en el que nadie quiere separarse, nos cantaron una canción, nos dieron un cuadro, nos abrazaron y lloramos, nos despedimos con nudos en las gargantas y los ojos llenos de lágrimas. Se alzaban las manos de los chicos saludando incansables la partida.

Quiero guardar el recuerdo de esos días, aunque insistentemente me interrumpe el dolor y me trae los nombres de nueve chicos y una mujer, ausentes; quería resguardar sus alegrías. Hoy quiero honrar sus vidas."

Daniel Levy,  28 de Noviembre de 2006

 

Sabernos juntos nos hace fuertesA Benjamín, Delfina, Federico, Justine, Lucas, Julieta G, Daniela, Nicolás y Julieta P, y su profesora Mariana, quienes genuina y valerosamente se dedicaron a hacer una sociedad más justa y solidaria, donde todos los niños y adolescentes de nuestra nación puedan tener derecho a una educación y un futuro más digno; enseñándonos cómo  podemos aprender de la mirada del otro, incluyendo y acercando las diferencias.

“Imágenes, genuinas e irremplazables, que nacen de nuevo, cada vez que alguien tiene la sabiduría mágica de reencontrase con sus miradas profundas.”

 

También como consecuencia de esta tragedia surgió un grupo integrado fundamentalmente por padres de las víctimas y sobrevivientes del accidente: Familiares y amigos de las víctimas de Santa Fe .

Ecos SolidariosEste es el homenaje de la gente de la Escuela Nº 375 de El Paraisal. Miralo aquí